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El próximo fin de semana se celebra el
Congreso Nacional del PRD.
Y,
como siempre, llegan los perredistas a un congreso en medio de pleitos y de
inminente crisis.
No
pienso que el PRD esté al borde de una fractura, porque es un hecho que ese
partido siempre ha vivido de conflicto en conflicto y siempre salen unidos de
las crisis.
Los delegados al congreso nacional perredista
deberán lidiar con la carga de
desencanto, encono y frustración dejada por no haber ganado la Presidencia de
la República, emociones que afectan la lucidez de tantos perredistas .
Hoy,
un miembro del FAP, Manuel Camacho le pide al PRD no quedarse atrapados en el
2006. Buen consejo, pues muchos perredistas piensen que el partido debe hacer
política.
Y se
hace política en el Congreso; se hace política, Joaquín, en los medios de
comunicación, porque como bien dice Camacho Solís, hoy todo es comunicación.
Pero
sobre todo se hace política negociando con los adversarios, del gobierno y de
los otros partidos.
Pienso, Joaquín, que las corrientes internas
del PRD no deben arrinconarse en el callejón sin salida del todo o nada.
Pero
no creo que los perredistas puedan hoy por hoy abandonar a López Obrador a su
suerte, porque sin López Obrador ni en sueños el PRD sería hoy la segunda
fuerza política de la Nación.
Bastaría con que se convencieran que pese a
todo para el PRD sí hay vida después del 2 de julio de 2006.
Y
luego, claro, que convencieran de eso a López Obrador.
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