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Sorpresivamente
se informó de la renuncia de Flavio Galván, quien fuera el magistrado
presidente del Tribunal Federal Electoral
y de la unánime elección de María del Carmen Alanís para presidir ese
tribunal.
Esa
información ha provocado insinuaciones de malos manejos en el Tribunal Federal
Electoral, digo insinuaciones, Enrique, porque no hay información oficial. Es
más, el Consejo de la Judicatura Federal advierte no tener conocimiento de
ninguna investigación sobre irregularidades en el tribunal.
Ese
es el sospechosísimo administrativo, práctica perversa tan habitual en nuestro
tiempo.
Mas
ahora sale el otro sospechosismo, el político.
Se
publican versiones que aseguran que la renuncia del magistrado Flavio Galván es
a consecuencia de las tendencias en las decisiones del Tribunal.
Se
dice que durante la presidencia del señor Galván de 20 impugnaciones que
presentó el PRD le resolvieron favorablemente 16. Se utilizan las estadísticas
del Tribunal Federal Electoral para acusarlo de parcialidad.
El sospechosísimo administrativo, al final de
cuentas, lo disipará la realidad.
Pero
el sospechosísimo político, Enrique, parece ser una paso más en la degeneración
de la política, salpicada de guerra sucia, de propaganda negra, de chismes
difamatorios.
Ahora
la propaganda negra va contra el Tribunal Federal Electoral.
Tiene
esta campaña los rasgos de una trama irresponsable urdida por alguien en el
gobierno o desde los partidos.
Y
muchos se suman a la trama, sin importar que se desprestigie a un organismo
trascendental para el sistema electoral mexicano.
Lo
peor, parece que todos nos acobardamos ante la propaganda negra, porque nadie
ha salido a defender al Tribunal Federal Electoral.
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