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Se
ha empezado a mencionar a una reforma electoral como uno de los temas a
discutir en un período extraordinario de sesiones del Congreso.
Hace
tiempo, en este espacio, Enrique, se citó al ex asesor de seguridad nacional de
la Casa Blanca Robert Pastor, quien comparó los sistemas electorales de México
y Estados Unidos. Dice Pastor que el sistema electoral mexicano es mejor,
refleja con más fidelidad la voluntad de los votantes y está más protegido
contra influencia partidista.
El
actual sistema electoral, con algunos ajustes, es fundamentalmente el resultado
de la reforma electoral de 1996.
Pero
los partidos políticos no están contentos y quieren cambiarlo.
Sobre
todo quieren hacerle cambios al Instituto Federal Electoral. En el IFE, por
supuesto, no hay ángeles, porque la política no es de ángeles.
Dice
el secretario general del PRI Jesús Murillo Karam que un sistema electoral
ideal es aquel que produce resultados que conforman a todos, es el que hace que
todos acepten los resultados.
Argumento
falso, porque quienes se inconforman con los resultados electorales son los
políticos, no porque los resultados de las elecciones no reflejen la voluntad
de los votantes, sino porque no les favorecieron. Ellos los políticos de todos
los partidos son quienes siembran la desconfianza.
El
sistema electoral necesita algunos ajustes, nada más.
No
es cierto que se trate de modernizar el sistema electoral, porque el actual es
uno de los más modernos del mundo.
Lo
que quieren hacer en el período extraordinario es dar un paso atrás en el
sistema electoral.
Un
salto al pasado.
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