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Faltan cinco días para la elección de
gobernador de Baja California.
Desde que hace 18 años los bajacalifornianos
eligieron al panista Ernesto Ruffo, han seguido favoreciendo al PAN.
No
porque estuvieran fascinados con los gobernadores panistas. Simplemente, con
filosofía muy fronteriza, dijeron: los panistas están aprendiendo, hay que
darles chanza.
Así pues, Enrique, por voluntad de los bajacalifornianos
ha gobernado el PAN durante 18 años en aquel Estado.
Las
elecciones del próximo domingo ocupan a
los medios nacionales. Desde el Altiplano se lanzan desde hace varias
semanas opiniones, sentencias y homilías políticas.
Influye en eso, claro, la personalidad
innegablemente polémica del candidato priísta Jorge Hank Rohn, cuyas
declaraciones para muchos son un ejercicio de desfachatez, desfachatez que
repugna al puritanismo político del Altiplano.
No
ha sido sólo la personalidad del priísta Hank Rohn lo que ha hecho
controvertida la elección del próximo domingo. También influyen los desfiguros
del gobierno panista de Eugenio Elorduy, quien ha intentado montar una dizque
operación política y sólo ha conseguido mostrar sus limitaciones para la
política.
Todos hemos opinado sobre las elecciones del
próximo domingo en Baja California. Nuestras opiniones no importarán el
domingo.
Durante tres elecciones los bajacalifornianos
decidieron ser gobernados por el PAN. El próximo domingo ellos, sólo ellos
decidirán si sale el PAN y entra el PRI.
Si eligen a Hank Rohn, ellos vivirán con las
consecuencias de su voto.
De
nada valdrán las rabietas que hagamos acá en el Altiplano si, con filosofía muy
fronteriza, los bajacalifornianos deciden ahora darle chanza a Hank de ser
gobernador.
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