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Los acontecimientos más recientes en el
caso del chino nacionalizado mexicano Zhenli Ye Gon cada vez recuerdan más
algunas escenas de la novela de Mario Puzo “El Padrino”.
Aquella frase inmortal: “no es nada
personal, son sólo negocios”.
Así se habrán dicho los abogados del
presunto narcotraficante Ye Gon.
Para ellos el caso de los 205 millones de
dólares es sólo un negocio más, la posibilidad de cobrar millonarios honorarios
si recuperan para su cliente aunque sea una porción del dinero decomisado.
Para el gobierno del Presidente Calderón
tampoco tiene que ser asunto personal, sólo un asunto de negocios del Estado
Mexicano, del Estado Mexicano al cual quieren enjuiciar los avispados abogados
norteamericanos, tan acostumbrados a negociar hasta las condenas de los peores
criminales.
Ahora que se difunde en México una carta
supuestamente redactada por Zhenli Ye Gon con acusaciones contra todo y contra
todos, es patético que la mezquindad de los políticos mexicanos les lleve a
darle credibilidad a lo que dice un delincuente.
Es un arrebato de malinchismo
informativo. Lo dicen desde el extranjero, luego debe ser cierto, porque los
hombres rubios y barbados no mienten.
La patética mezquindad de nuestros
políticos llega el extremo de querer que nos creamos que al chino le dieron
credencial de “senador honorario”. ¿Senador honorario? Por favor. Eso es un
insulto a la inteligencia.
Ahora, por simple mezquindad, muchos
políticos quier"yen que nos traguemos la historia de que el chino fue la víctima
de un complot.
No, Joaquín, no es complot, es sólo un
cuento chino.
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