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Hay un viejo dicho que dice “… éramos
muchos y parió la abuela”.
Algo así pueden decirse los priístas, los
de Baja California y los del Comité Ejecutivo Nacional del PRI.
Mientras Jorge Hank Rohn daba una
conferencia en la sede nacional del PRI, allá en Baja California los priístas
andan a la greña.
El dirigente estatal del PRI Manuel Amado
Orijel anuncia que rompe relaciones con la dirigente nacional del PRI Beatriz
Paredes. La acusa de promover la división entre los priístas bajacalifornianos
a través del delegado del CEN Servando Portillo Díaz.
El hecho es que el PRI de Baja California
está arruinado, en la vil chilla, como dicen en mi tierra. Tiene embargados
muchos de sus bienes.
Dicen que Beatriz Paredes los ha
abandonado y que por eso sólo hablan con el secretario general del PRI nacional
Jesús Murillo Karam.
Así las cosas, más vale que Jorge Hank
regrese a su Estado dispuesto a dos cosas: primero, a tratar de que la miseria
económica de su partido no se convierta en problema para las elecciones.
Segundo, para poner orden entre los
priístas de Baja California.
A menos que, como López Obrador, haya
construido una estructura paralela y no tenga que depender del PRI para ganar.
Porque ahora parece que además de tener
que pelear contra el PAN tendrá que batallar con su partido.
Porque la verdad, Joaquín, desde hace
tiempo algunos priístas nacionales y locales no tienen remedio.
A muchos priístas, como al diablo de
Jardiel Poncela, hay que dejarlos por imposibles.
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