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Hoy
hace doce meses, un año, Joaquín, desde que vivimos horas difíciles.
Por
momentos se creyó que las instituciones electorales no resistirían las presiones
ejercidas con igual ferocidad por ganadores y perdedores de las elecciones
presidenciales. Pero resistieron.
Y
nosotros seguimos ocupados en discutir el pasado, sin ocuparnos del futuro.
Si
nos ocupáramos del futuro ya habríamos dejado de discutir las elecciones
presidenciales del año pasado.
Ya
son historia.
A la
mayoría de los mexicanos les interesa que sus élites, las políticas y las
económicas se ocupen del futuro, de atender los problemas de la desigualdad y
la pobreza, del desempleo.
Se
siente, por ejemplo, que la economía no marcha. Cierto, no hemos tenido una
dramática caída en el empleo, como la ocurrida durante el primer año de
gobierno de Vicente Fox. Pero tampoco ha habido una dramática reducción del
desempleo, por citar sólo un problema.
Me
pregunto, Joaquín, si acaso la economía no marcha como debiera porque el
gobierno federal no gasta. Porque no se ejerce el presupuesto.
¿Dónde están, por ejemplo, las carreteras que
se harían con 30 mil millones de pesos aprobados el año pasado? Ni siquiera se
han iniciado.
Sin
gasto público la economía marcha muy lento, como ahora. Y se retrasan las
necesarias inversiones y las soluciones a los problemas..
Eso
nos debiera ocupar. No angustiarnos porque el año pasado por poco y hay un
choque de trenes.
Primero no hubo choque; segundo, como dijo José Francisco Ruiz
Massieu: en México los trenes no chocan, porque los trenes nunca llegan a
tiempo.
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