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Esta
mañana presentó el Presidente Calderón el Plan Nacional de Desarrollo, las
metas de su sexenio.
Estos
planes, es cierto, Joaquín, son una
colección de buenos deseos, una selección de lo que cada sexenio quisieran
hacer los gobernantes.
Alcanzar
los objetivos de los planes siempre ha dependido de la habilidad política y
administrativa de cada gobernante.
Pero
hay circunstancias y acontecimientos que están fuera de control de cualquier
gobernante, sin importar su habilidad.
Muchas
circunstancias y acontecimientos son imprevisibles: como los conflictos
internacionales que pueden afectar la dinámica de la economía mundial.
Pero
algunas son previsibles. Entre ellas están,
por supuesto, que los grupos y partidos de oposición estén contra muchos
de los planes del gobierno
Mucho
dependerá del talento político de los gobernantes poder convencer a su
oposición que le conviene respaldar los programas del gobierno.
Pero
pienso que ha llegado la hora en que el gobierno federal y los partidos de
oposición lean con cuidado las votaciones en las dos últimas elecciones
presidenciales y en las cuatro elecciones de diputados y senadores.
El
mensaje de los ciudadanos ha sido muy claro: no le vamos a dar la mayoría en el
Congreso a ningún partido, ni siquiera al partido de los Presidentes de la
República, entonces, queremos que se pongan de acuerdo.
Eso,
ponerse de acuerdo, es lo que hace tiempo no consiguen la Presidencia de la
República y los grupos y partidos de oposición.
La
gente, los ciudadanos, se están cansando de los inútiles pleitos políticos, de
vivir en el filo de la navaja.
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