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Desde
que se empezó a elaborar la iniciativa de Reforma Fiscal del gobierno del
Presidente Calderón se cabildeó con los legisladores, con los gobernadores y con
todos aquellos que por razón de su actividad podían influir en la aprobación de
la reforma.
Pero
los acontecimientos políticos han venido a complicar las discusiones y
negociaciones necesarias para conseguir esa aprobación.
Aunque en la elaboración de la iniciativa de
reforma fiscal se incorporaron propuestas y sugerencias de la oposición, aún
algunas de las presentadas por el bloque representado por el PRD y el Frente
Amplio Progresista de Andrés Manuel López Obrador, han surgido resistencias.
La
resistencia perredista se esperaba, pero el gobierno del Presidente Calderón
daba por descontado que salvo ajustes,
la iniciativa la respaldaría el PRI, lo cual le garantizaba su aprobación.
El
PRI no está contento. Piensan los priístas que no han sido tratados bien,
porque en el gobierno dan por descontado su respaldo a la reforma fiscal.
Los
gobernadores y legisladores del PRI reunidos con la dirigencia nacional piensan
que el gobierno del Presidente Calderón ha sido más condescendiente con el PRD,
a pesar de que el perredismo es intransigente.
En
el gobierno del Presidente Calderón podrán decir que eso no es cierto, pero los
priístas se sienten el blanco de una ofensiva política que consideran agresiva
e inoportuna.
Esa
es la percepción de los priístas, cuyo votos necesita el gobierno de Calderón.
Y en
política, Joaquín, la percepción es más poderosa que la realidad. Vamos, en
política la percepción es la realidad.
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