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El
panista Gustavo Madero, presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, ha
dicho que se tienen que revisar las pensiones de las grandes empresas paraestatales,
igual que en su momento se revisaron las del Instituto Mexicano del Seguro
Social.
No
es nada nuevo, sólo recordemos que antes
que Vicente Fox tomara posesión de la Presidencia de la República, el
licenciado Felipe Calderón hizo una ronda mediática de entrevistas que tenían
un tema central: la onerosa carga de las pensiones que paga el Estado.
Llama la atención que simultáneamente haya
quejas de que Pemex desvía dinero del gasto de inversión para pagar pensiones.
Actuemos como abogados del diablo.
No
sé si la declaración del senador Madero haya sido por su cuenta y riesgo.
Si
lo fue, habría que recordarle solamente el enorme esfuerzo y desgaste político
que se enfrentó cuando se cambió el sistema de pago de pensiones a los
trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social.
Y no
se necesita mucha imaginación para suponer el enorme pleito político que
tendría en sus manos el gobierno del Presidente Calderón si le mete mano a las
pensiones de Pemex, de la Comisión Federal de Electricidad y otras
paraestatales.
Es
cosa de calcular si el gobierno del Presidente Calderón tiene la suficiente
fortaleza para un pleito así.
Por otra parte, eso de que las pensiones
sangran a Pemex es un argumento maniqueo.
Si,
como está reconocido, el fisco federal se lleva casi tres quintas partes del
ingreso de Pemex, ¿quién sangra más a la paraestatal petrolera?
Es
sólo una pregunta.
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