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Esta
semana el PRD tiene que tomar una decisión importante.
Para
fines prácticos, la discusión de la reforma fiscal podría ser el principio de
una real participación del perredismo en la gobernabilidad de la República.
Hoy
se reúne el Consejo Nacional y mañana se reúnen los senadores y diputados del
PRD con los gobernadores del PRD, incluido por supuesto el jefe de gobierno del
DF Marcelo Ebrard.
Decidirán qué hacer para no aprovechar que
son la segunda fuerza política de la República.
Está
claro que la movilización convocada por López Obrador encauzó el descontento de
sus seguidores por haberse quedado a un cuarto de millón de votos de ganar la
Presidencia.
Pero
tendrá que decidir el PRD si se va a pasar los siguientes cinco años y medio en
la confrontación o si empieza a tratar de que en el Congreso se apruebe algo de
la agenda legislativa de la izquierda.
Por
supuesto que no pueden ignorar a López Obrador. Aunque a muchos les pese, sin
el carisma del tabasqueño no hubieran llegado hasta donde llegaron en las
elecciones del año pasado.
Decidirán si se quedan en la confrontación
para bloquear al gobierno de Calderón o si, desde la oposición, acotan con
votos al partido mayoritario, al PAN.
Porque si se quedan en la sola confrontación,
los perredistas dejarán a 15 millones de personas que votaron por ellos sin
oportunidad de impulsar la agenda de la izquierda.
Otra
vez, López Obrador tiene en sus manos el rumbo del PRD y la suerte de la
izquierda.
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