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Hace
algunos años estuvieron de visita una familiares. Tenían la intención de
visitar por supuesto el Centro Histórico de la ciudad de México.
Les
advertí que ese día habría una manifestación. En lugar de desalentarlos, esa
advertencia los entusiasmó. Y se fueron al Centro Histórico a ver la
manifestación y tomar muchas fotografías.
Después
hubo que explicarles las molestias y dificultades que provocan las
manifestaciones para quienes aquí vivimos. Y no sólo para quienes viajan en
automóvil, sino para quienes utilizan el transporte público.
Pero
lamentablemente las manifestaciones y una amable tolerancia de las autoridades
han convertido a los bloqueos, plantones y marchas en una odiosa parte del
paisaje urbano de la ciudad de México.
Con la
misma impunidad se multiplican los asentamientos irregulares. La fórmula es muy
simple: invades, luego exiges a las autoridades la introducción de los servicios,
y después exiges la regularización.
Así
cultivaron clientela los priístas y ahora lo hacen los perredistas.
Pero
la realidad del DF hace que uno no pierda la capacidad de asombro.
Cierto,
cualquier grupo de manifestantes bloquea, agrede y pelear con la policía. Y no
pasa nada. Cualquiera puede crear asentamientos irregulares. Hay hasta
invasores de cuello blanco. Y no pasa nade.
Ayer
la Coordinadora del magisterio inventó una nueva fórmula de asentamiento
irregular. Empezaron a construir en el centro del arroyo de la avenida de la
República, a unos metros del Monumento a la Revolución y del Paseo de la
Reforma.
Han
expropiado una calle de la ciudad de México.
Y no
pasa nada.
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