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El
diccionario de la lengua española contiene dos acepciones de la palabra
civismo.
La
primera es “celo por las instituciones e intereses de la Patria”.
La
segunda “comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia
pública”.
Aquí, en México, hasta hace una generación se
entendía por civismo precisamente lo que dice el diccionario de la lengua
española. Nos lo enseñaban en las escuelas.
Hace
una generación desde la primaria se recibían una serie de valores que como
mexicanos todos debemos compartir. Y se infundía el respeto a las normas de la
convivencia en sociedad.
Mas
luego vino una serie de reformas educativas que terminaron por desaparecer la
materia en las escuelas de la República.
Y
como decía aquel clásico: por eso estamos como estamos.
El
tema lo ha abordado la Secretaría de Educación Pública donde se habla de
elaborar un nuevos libros de texto gratuito para la materia del civismo.
De
alguna manera aquellas clases de civismo de hace poco más de una generación nos
enseñaban que como ciudadanos tenemos una responsabilidad para la convivencia.
Nos
dicen que todo ha cambiado. Es cierto, pero el cambio, cualquiera sea, no
elimina la necesidad de que todos tengamos ciertos valores comunes, por la
sencilla razón de que sin valores comunes ninguna sociedad sobrevive, y menos
puede haber una pacífica convivencia.
Las
clases de civismo formarían ciudadanos responsables, conocedores de sus
derechos, pero también de sus responsabilidades.
Porque pienso que la raíz de nuestros
problemas es que todos hablan de sus derechos; pero nadie habla de sus
responsabilidades.
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