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Desde que el pasado diciembre se aprobó el
presupuesto del gobierno de la República, se incluyó una partida de casi 30 mil
millones de pesos para infraestructura: carreteras, puentes, etc.
Si, como dicen los especialistas, ya la
economía mexicana resiente los efectos de la desaceleración de la economía de
Estados Unidos, la inversión en infraestructura y los empleos que generaría
sería útil para aliviar la desaceleración y darle cierto dinamismo a la
economía nacional.
Ya nadie sabe por qué no se gastan los 30
mil millones de pesos aprobados por el Congreso.
Me atrevería a aventurar una hipótesis sobre
el asunto, Joaquín.
Hace siete años, Francisco Barrio Terrazas,
quien luego fuera Secretario de la Contraloría, me explicaba que el problema de
la lentitud en el ejercicio del gasto en inversión son las complicadas reglas
ideadas para controlar el dinero que se gasta.
Me decía: “… nadie quiere firmar la
autorización para un gasto, si antes no lo hace otro funcionario… Así, planes
de inversión que deberían tardar dos meses en estar en marcha, se tardan a
veces más de un año”.
A pesar de esa preocupación, Barrio Terrazas
impuso nuevas y más complicadas reglas para el gasto de inversión.
El resultado es que todos los funcionarios
se cubren, antes de autorizar el gasto de inversión. Y todo se atrasa.
Demasiados controles explicarían el retraso
del gobierno para invertir en infraestructura. Hay demasiados cuentachiles
sueltos.
Estamos de acuerdo que los controles con
necesarios, Joaquín, pero ni tanto que queme al santo, ni tanto que no le
alumbre.
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