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El
próximo sábado empieza en León, Guanajuato, la batalla por el alma del PAN.
Se
confrontan el panismo tradicional, pero moderno, representado por el Presidente
Calderón y el panismo pragmático, codicioso, representado por Manuel Espino
Barrientos, cuya divisa es ganar como sea.
En
León, Guanajuato, decidirán los panistas cual de las dos visiones de panismo
prevalece.
Decidirán
cuál será la relación del Presidente Calderón con su partido por el resto del
sexenio.
Para
Espino es vital ganar la mayoría de consejeros este fin de semana, para buscar
la reelección y así volver al repetir lo de Vicente Fox: el secuestro del
partido.
No
es tarea menor la que tienen en sus manos los panistas, porque si el partido no
se sacude las telarañas de haber sido oposición por tantas décadas, será
secuestrado otra vez, como ya le ocurrió cuando Vicente Fox irrumpió como
candidato presidencial e impuso una visión menos humanista, una visión
empresarial, eficientista, con el costo beneficio como divisa.
En
León, Guanajuato, los panistas decidirán si repiten las lamentables
experiencias del foxismo, o si optan por un gobierno eficaz, y de paso
recuperan el humanismo tradicional para darle rumbo a la Nación.
Si
en el nuevo Consejo Nacional del PAN ganan la mayoría los partidarios de Manuel
Espino, el Presidente Calderón tendrá muchas dificultades para gobernar, porque
su partido, más que un acompañante en el quehacer de gobierno, se convertirá en
un lastre.
Y
ese lastre pesará no sólo sobre el gobierno calderonista, también pesará sobre
el futuro de la República.
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