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Termina una semana agitada, muy agitada.
Una semana que es como el espejo de
algunos de los problemas que enfrenta el gobierno del Presidente Calderón.
Siguen
las protestas contra la ley del ISSSTE, cuyo propósito es mantener al gobierno
federal a la defensiva, y promover cada vez más manifestaciones que pueden ser
violentas.
El debate por la ley de medios decidirá el
futuro de los medios electrónicos. Con la Suprema Corte en el ojo del huracán y
el riesgo de quedar como el cohetero. Está en juego algo más que las
concesiones.
Y la violenta respuesta del crimen
organizado, con su más brutal expresión en los enfrentamientos ocurridos en
Arizpe, Sonora, con un saldo de 24 muertos.
Hoy publica Raymundo Riva Palacio el
relato de un ciudadano que muestra cómo en algunas poblaciones de Michoacán las
bandas del narcotráfico imponen su ley. Como tantas otras poblaciones del país
que son rehenes del crimen organizado.
Una semana en la que el Presidente de la
República se ve obligado a pedir a la sociedad el respaldo en la lucha por
imponer la legalidad. Y una parte de la sociedad, contaminada por las
mezquindades políticas, le regatea al Presidente de la República ese respaldo.
A muchos parecen no importarles los 1,046
asesinados este año.
Esta semana, Joaquín, de alguna manera
podría ser definitoria para la democracia mexicana, pues a corto plazo
tendremos que definir si queremos democracia con gobernabilidad.
O si, por mezquindades políticas, estamos
dispuestos a revivir las peores etapas de anarquía y desorden de nuestra
historia.
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