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Faltan tres semanas para que el Presidente
Calderón libre la batalla para conseguir que su partido, el PAN, le acompañe en
la gestión de gobierno.
Uno
más de los problemas que tiene el Presidente. Muchas presiones, muchos
problemas.
Doy
ejemplos:
La
persistente resistencia de grupos opositores a la ley del ISSSTE, convertida en
eje de la resistencia de quienes perdieron la elección presidencial.
Las
presiones generadas por el inminente fallo de la Suprema Corte de Justicia en
el caso de la constitucionalidad de la ley de medios.
La
resistencia amorfa, pero tenaz a los operativos militares contra el crimen
organizado. Una resistencia que muestra que ni para la defensa del Estado hay
consensos en la clase política.
Y el
forcejeo con el Congreso, forcejeo que durará todo el sexenio, porque en el
Congreso de la Unión hay un reacomodo de fuerzas, cuyo objetivo es quitarle
facultades a la Presidencia de la República para dárselas a los diputados y
senadores.
Además
de los problemas de desigualdad y pobreza, el desempleo, la urgencia de
movilizar al gobierno federal para sacar a la economía de la parálisis
heredada.
Con
tantos fierros en la lumbre, Los Pinos no consigue hacer del PAN un aliado para
gobernar.
Del
PAN se dijo hace seis años que la victoria podía ser su peor derrota.
Ahora,
resuena aquel comentario de Carlos Castillo Peraza a Luis Felipe Bravo Mena cuando le mostraron la moderna y fría
sede del CEN del PAN.
“…
Muy bonito, ojalá y no sea el mausoleo del partido…”
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