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Faltan seis días para el 15 de mayo, el
tradicional Día del Maestro, el día en que además de festejar a los profesores
de la República, por costumbre se aprovecha para anunciar el aumento salarial
que se concede al magisterio.
El
15 de mayo, claro no es fecha fatal. Hace dos o tres años el aumento al
magisterio se anunció más allá del mes de mayo.
Quizá
por eso la Secretaría de Educación Pública no tiene prisa en sus negociaciones
salariales con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
Hay
tan poca prisa que el pasado jueves por la noche se levantó de la mesa de
negociaciones con la SEP el equipo del SNTE encabezado por el profesor Rafael
Ochoa Guzmán, secretario general del sindicato magisterial. Se quejó el
sindicato de que la SEP les ofreció un aumento de 3.5 por ciento, cuando días
antes le concedió el gobierno federal un aumento de 4.6 por ciento a la
burocracia, más .5 en prestaciones. O sea, 5.1 por ciento.
Es
cierto, en el pasado reciente el 15 de mayo no fue plazo fatal, pero también es
cierto que cuando se ha pospuesto ha sido mediante previo acuerdo con el
sindicato.
Ahora
no hay tal acuerdo. Lo que hay es un desacuerdo con el sindicato magisterial.
Alguien en el gobierno federal piensa que
harán sudar a los profesores del SNTE.
Se
pueden equivocar, porque en el SNTE, desde la profesora Gordillo y el profesor
Ochoa Guzmán hasta los dirigentes seccionales, el más chimuelo masca tuercas.
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