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Otra vez Carlos Ahumada es motivo de
escándalo.
Aunque
haya cambiado el gobierno del Distrito Federal, tal parece que en el caso del
empresario condenado por fraude después de los videoescándalos es uno de esos
asuntos en los cuales hay continuidad de propósitos.
Después
de la transmisión de aquel video donde aparecía el ahora ex perredista René
Bejarano recibiendo un presunto donativo electoral de Ahumada, se puso en
marcha la maquinaria judicial del Distrito Federal, pero sólo contra Ahumada.
Los
otros presuntos involucrados, casi todos militantes del PRD, están libres.
Todo
el peso de la ley cayó sobre el empresario que durante tanto tiempo fue el
mecenas del perredismo, hasta que el video exhibió complicidades ilegales.
Es
posible que Carlos Ahumada sea responsable de los delitos por los que le acusó
el gobierno de López Obrador y que le llevaron primero a huir a Cuba y luego a
regresar extraditado para ser encarcelado.
Como
sea, ayer ya había obtenido su libertad, pero se le detiene al salir del penal
para ser interrogado sobre algunas averiguaciones previas pendientes, según el
procurador Rodolfo Félix Cárdenas.
Si
había averiguaciones pendientes, ¿por qué no se le interrogó mientras todavía
estaba en prisión?
Saldrá
libre, dice el Procurador. Pues sí, pero de que lo amedrentaron, lo
amedrentaron.
Al
gobierno del Distrito Federal parece no importarle que la opinión pública
piense que Ahumada es víctima una persecución política.
Preocupa,
además, que al gobierno del DF no le importe ser visto como instrumento para
una venganza política.
Hoy
es Ahumada, ¿y luego?
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