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Hoy que se celebra el Día del Trabajo,
Joaquín. Ya es sólo un día festivo más, porque las cosas han cambiado. Lo cual
no significa que tengan razón quienes han firmado el acta de defunción del
sindicalismo mexicano. Con todos sus defectos y fallas, los sindicatos son aún
factor de cierta estabilidad.
Por
eso me parece más útil, Joaquín, hablar de la tarea de sabotaje que desempeñan
el ex presidente Vicente Fox y el dirigente nacional del PAN.
No
es cierto, como algunos suponen, que es una ocurrencia más del ex presidente,
porque muchas de sus ocurrencias casi siempre ocultaron una segunda intención.
Recordemos que desde antes de tomar posesión
el Presidente Felipe Calderón reconoció la importancia que para México tiene la
relación con Cuba. Y ha tenido que realizar grandes esfuerzos para reparar el
daño que a esa relación le hizo el ex presidente Fox, alentado por compromisos
no aún revelados de su ex canciller Jorge G. Castañeda.
No
nos equivoquemos, las aparentes ocurrencias de Fox y Espino tienen el propósito
de descarrilar la política del gobierno de Calderón hacia Cuba. Y, por
consecuencia, hacia Venezuela, porque sólo los ciegos no ven que Chávez atiende
los consejos de Fidel Castro.
A
México, por razones geopolíticas, económicas y culturales, le conviene la
normalización de sus relaciones con Cuba. Eso es lo que quieren impedir Fox y
Espino.
Por eso sabotean la política exterior de
Felipe Calderón, porque Fox y Espino no sirven a los intereses de México.
Total,
Fox siempre se pensó trasnacional.
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