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En
Oaxaca se calientan otra vez el ambiente, comenta esta mañana el buen amigo
Leopoldo Mendívil.
Se refiere, claro, a las marchas y
contramarchas del gobernador oaxaqueño Ulises Ruiz y de los partidos de
oposición, para prepararse para la campaña electoral que se avecina con la
finalidad de elegir alcaldes y diputados locales.
Pero siguen los enfrentamientos entre los
profesores de la sección 22 del magisterio de Oaxaca, porque en Oaxaca no ha
terminado el largo conflicto que paralizó a su capital durante más de medio
año. Siguen los enfrentamientos entre profesores del magisterio oaxaqueño.
Y la ciudad de Oaxaca, uno de los principales
atractivos turísticos de la República, languidece por las consecuencias
nocivas, sociales y económicas del conflicto que durante más de medio año fue
irresponsablemente tolerado por el gobierno de Vicente Fox.
En los medios sólo hablan de los daños
sufridos por los grandes prestadores de servicios turísticos, pero nadie
recuerda que de los grandes prestadores de servicios turísticos dependen
cientos de pequeños empresarios y los empleos de miles de oaxaqueños.
Cuando se medio tranquilizó la ciudad de
Oaxaca, el gobierno federal prometió apoyos a Oaxaca para ayudar a la
recuperación.
Quizá el gobierno de Calderón se ha dicho lo
que no fue mi año, no fue mi daño.
Y no sólo se incumplen las promesas, sino
que las dependencias federales han caído como depredadoras sobre los pequeños
negocios de Oaxaca y ponen en peligro miles de empleos.
A nadie parece importarle que Oaxaca se pudra
social y económicamente.
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