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Otra vez, Joaquín, una demanda contra un ex director
de Pemex. Ahora se trata de Raúl Muñoz Leos, quien estuviera al frente de la
paraestatal durante el sexenio de Vicente Fox.
Otra vez se habla de desvíos por haber
firmado con el sindicato petrolero un convenio por medio del cual le entregaron
1,724 millones de pesos.
Por lo visto, Joaquín, el actual secretario
de la Función Pública Germán Martínez Cázares ha decidido repetir el numerito
de Francisco Barrio.
Pues ojalá y lo haga mejor, porque a pesar
del gran ruido del Pemexgate, al final de cuentas fueron absueltos por los
tribunales todos los acusados, porque resultó que si era legal la entrega de
dineros al sindicato petrolero.
Bueno, dicen que el hombre es el único
animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y a veces hasta tres o
cuatro veces.
No quiero en este comentario, Joaquín, dejar
de hacer una buena ausencia del ingeniero Gilberto Borja Navarrete.
Don Gilberto, además de un hombre noble y
generoso, es el paradigma de aquella
generación de mexicanos que contribuyeron con éxito al tránsito del
México rural al México urbano.
Perteneció a una generación excepcional, a
la generación de mexicanos que creyeron en su país, que no se sintieron
inferiores a ninguna otra nación.
En esta era de cínicos y decepcionados, don
Gilberto brilló por su inquebrantable confianza en México y en los mexicanos.
Parafraseando a la historiadora Josefina
Zoraida Vázquez, nunca se rindió a la moda de hablar mal de México.
Hasta luego, don Gilberto.
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