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Por fin aprobó el IFE los documentos de la
Asamblea Nacional del PRI y con ello ya no tendrá excusa la dirigente nacional
Beatriz Paredes Rangel para seguir hibernando en el edificio de Insurgentes
Norte.
Beatriz Paredes tiene difícil reto. En el
pasado los presidentes del PRI contaban con un cierto margen de maniobra, pero
tendrían cuentas a una sola persona, al jefe nato del partido: el Presidente de
la República.
A la señora Paredes le será muy difícil
repetir lo que hizo Roberto Madrazo. Ella no podrá asumir el control del
partido, porque los gobernadores priístas no sacrificarán la autonomía política
de que gozan ahora.
Además de los gobernadores, tendrá que
lidiar con los dos coordinadores priísta en el Congreso. En el Senado con
Manlio Fabio Beltrones y en la Cámara de Diputados con Emilio Gamboa, piezas
vitales en cualquier negociación.
El próximo lunes, la señora Paredes
anunciará los nombres de quienes integrarán su Comité Ejecutivo Nacional.
Le apuesta a que el Presidente Calderón
necesita al PRI para que avance la agenda de gobierno, necesita negociar con
los priístas.
¿Pero puede Beatriz Paredes ser la
interlocutora única para el gobierno de Felipe Calderón?
No, porque en las condiciones políticas en
que recibe el partido no podrá llegar a ningún acuerdo, y menos negociar a
espaldas de los gobernadores priístas más poderosos o a los coordinadores
priístas en el Congreso, como ya lo intentó una vez.
No podrá hacerlo, a menos que quiera provocar
la fractura definitiva y pasar a la historia como la enterradora del partido.
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