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Poco a poco surgen las razones personales,
emocionales y sicológicas, que llevaron al joven universitario coreano a matar
a 32 personas.
La consternación ya pasará. Y cuando ocurra
otra masacre se harán las mismas preguntas.
Pero los norteamericanos no se atreven a
hacer una reflexión profunda y realista sobre estos crímenes.
Los asesinatos en la Universidad Tecnológica
de Virginia, son una advertencia más, pero la sociedad norteamericano no se
atreve a echarle una larga mirada al espejo.
El espejo les mostraría que las élites
política y económica de Estados Unidos han generado una cultura de violencia,
pero también una prosperidad deshumanizante donde los únicos que cuentan son
quienes tienen éxito. No hay compasión para quienes fracasan.
En México tampoco nos atrevemos a mirarnos
al espejo.
Como se dijo en este tu espacio, preferimos
entretenernos en incontables debates político ideológicos inútiles. Lo que sea,
con tal de no reconocer que la violencia ya está entre nosotros.
No se ven al espejo nuestras élites políticas
y económicas, que no quieren reconocer que sería una tragedia nacional que la
violencia del crimen organizado se convirtiera en un hecho cotidiano, que los
asesinatos de los sicarios del narco sean vistos sólo como una estadística más
de la nota roja.
Estamos atrapados por el demagógico discurso
de las élites políticas y económicas que dice que la democracia significa la
debilidad del Estado.
Otra vez, como hace 500 años, engañados por
las cuentecillas de colores.
Por eso ignoramos la advertencia y por eso
no nos miramos al espejo.
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