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En
el Senado se presentó ayer una iniciativa de ley para reglamentar lo que llaman
la eutanasia pasiva.
El
senador perredista Lázaro Mazón, autor de la iniciativa, explica que no se
trata de aplicar una inyección letal a los pacientes incurables para poner fin
a sus vidas.
La idea, dice el senador Mazón es interrumpir
todos los procedimientos y tratamientos médicos que tratan de contrarrestar el
padecimiento de los pacientes en fase terminal de su enfermedad. Y sustituir
esos tratamientos con tratamientos paliativos que atenúen el dolor.
Pienso,
Joaquín, que esta propuesta de la eutanasia pasiva por ley es una nueva
invasión del Estado en asuntos que corresponden al ámbito personal y familiar
de las personas.
Porque
es en la intimidad del ámbito personal y familiar donde se resuelven los casos
de enfermos terminales desde hace mucho tiempo, y no ha hecho falta la
intervención del gobierno.
Según la iniciativa, esa variante de la
muerte asistida será practicada sólo en los hospitales públicos.
Aquí
es donde entran los factores éticos. Y las dudas, Joaquín.
¿Por
qué se propone la práctica de la eutanasia pasiva sólo en los hospitales
públicos?
Uno
que es díscolo se pregunta si no es una nueva visión del ahorro en el gasto
público, pues sabemos del alto costo que representa atender a los pacientes en
fase terminal.
Si
a los hospitales públicos acuden los que menos tienen, se trataría de una
iniciativa que cotizaría la vida humana a partir de los inhumanos criterios
económicos del costo beneficio.
Ojalá
y me equivoque.
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