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La
Auditoría Superior de la Federación incluye en su informe una evaluación
crítica de algunas unidades hospitalarias del Instituto Mexicano del Seguro
Social.
Dice que “… se realizaron adquisiciones sin
contar con presupuesto autorizado; adquisiciones que no garantizaron las
mejores condiciones de precio para el hospital y diferencias de precio entre
distribuidores…” Y se queja que no hubo licitación para dichas adquisiciones.
¡Qué
barbaridad! Pienso que la crítica es porque ni el auditor superior de la
federación, ni los altos directivos del Seguro Social acuden a las clínicas y
hospitales del instituto ni conocen la realidad.
Les
cuento un incidente. Con el paciente listo para ser operado, el cirujano pide
una dosis de suero. La enfermera responde que no hay suero. ¿Otra vez? Exclama
el cirujano. Y entonces saca su cartera y le da a la enfermera el dinero para
que mande comprar la dosis de suero.
La escena,
claro no es única. Pienso que hubo adquisiciones no licitadas porque urgían los
medicamentos y los materiales de curación. Y los médicos de cansaron de
pagarlos o de pedírselos a los derechohabientes.
Hasta
en el sector privado existen esos retrasos en las compras, porque los
administradores hacen esperar para conseguir mejores precios.
Pero
no se puede esperar cuando está de por medio la salud de los derechohabientes
del Seguro.
Ah,
pero eso no lo saben ni les importa a los altos directivos del Instituto
Mexicano del Seguro Social y tampoco a los escrupulosos auditores de la Cámara
de Diputados.
La
realidad no se percibe desde las torres de marfil.
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