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Lo acompañaremos hasta el fin de su mandato
con lealtad y patriotismo, le dijo el dirigente nacional del PAN Manuel Espino
al Presidente Felipe Calderón, durante la sesión del Consejo Político panista
el pasado domingo.
Y muchos le creyeron y dijeron, que bueno
que se acabó el fuego amigo. Pero poco duró la tregua. La lealtad duró apenas
tres días.
Ayer,
el dirigente nacional del PAN Manuel Espino a través del secretario de
fortalecimiento interno Enrique Navarro, acusó al gobierno del Presidente
Calderón de entrometerse en la selección de miembros del Consejo Político.
Y se reanuda el fuego amigo.
Los panistas no entienden que en las 14
elecciones de este año llevarán como mochila al hombro los aciertos y los
errores del PAN en la Presidencia de la República.
Y para que sean más los aciertos y menos los
errores tienen que apoyar al Presidente.
En otras ocasiones en este tu espacio, Joaquín,
me referido al hecho de que en todos los países democráticos el jefe del Estado
se convierte automáticamente en el máximo líder del partido.
No
casual que esta ofensiva de Espino ocurra cuando la Secretaría de la Función
Pública anuncia que apoyará a la Cámara de diputados en la investigación de los
hijos de la señora Marta Sahagún de Fox.
Y como
en política no hay coincidencias, se puede concluir que Manuel Espino tiene
confundidas sus lealtades.
Es lo peor que puede ocurrirle a un partido
político.
Bueno, hay algo peor: tener un dirigente en
cuya palabra no se puede confiar.
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