Comentario 23/Mar/07
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 Comentario de José Fonseca

 

Programa de López Dóriga en Radio Fórmula

 

 

23 de Marzo de 2007

     Hoy hace 13 años, Joaquín, asesinaron a Luis Donaldo Colosio.

     Como en todos los magnicidios, la bruma de los perversos intereses políticos ha cubierto las pistas. Y sólo permanece ahí en Almoloya, Mario Aburto, el asesino material, enredado en el laberinto de sus delirios.

     Ni los delirios de Aburto ni las versiones oficiales permiten saber quiénes fueron los autores intelectuales del crimen.

     Una de las grandes lecciones del crimen es que en un ambiente envenenado por el odio y el rencor todo puede pasar.

     Como todo, la figura de Colosio empieza a desdibujarse para las nuevas generaciones.

     No debiera ocurrir, porque sólo duerme el México bárbaro que afloró aquella tarde del 23 de marzo de 1994.

     Aquella tarde el país se asustó, porque había ocurrido lo increíble: el crimen se convirtió otra vez en herramienta para resolver las diferencias políticas.

     Muchos alegan que México ya cambió. Nos dicen que ahora todo es distinto.

     No lo sé, Joaquín, pienso que otra vez el ambiente empieza a ser envenenado por la violencia verbal de los discursos de odio y rencor.

     Y porque no hemos cambiado tanto. Y porque a 13 años de distancia, sigue vigente aquel discurso de Luis Donaldo Colosio del 6 de marzo de 1994, cuando en la explanada del PRI decía:

     “… Veo un México con hambre y sed de justicia. Un México agraviado por las distorsiones que imponen a la ley quienes debieran servirla. Un México de hombres y mujeres afligidos por al abuso de autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales…”

 

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