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Hay un viejo refrán que no sé si sea
mexicano o español: o bien vendido, o bien podrido.
Esa es una afirmación, Joaquín, que
contradice todos los principios históricos del comercio.
Ese refrán viene a la memoria después de
enterarnos, ahora sí oficialmente, que las reservas probadas de petróleo le
durarán a México solamente nueve años más.
Ayer nos dijeron el Presidente Calderón y el
director de Pemex Reyes Heroles, la situación empieza a ser de urgencia.
Hace tiempo que se discute qué hacer para
que Pemex sea más eficiente, qué hacer para que explotar yacimientos de
petróleo que sabemos que ahí están, pero que sin explotar es como si no existieran.
Desafortunadamente, Joaquín, el tema de qué
hacer con Pemex ha estado atrapado en las mezquinas luchas político-electorales.
Y se ha convertido en bandera del radicalismo político.
Pero el petróleo es para México demasiado
importante como para seguir en la parálisis.
Además de vital recurso energético, el
petróleo es fundamental palanca de negociación en el mapa geopolítico mundial.
Pienso que sería un error histórico no hacer
nada, a pesar de las señales de alarma.
Soy de los que piensan que el problema de
Pemex puede resolverse sin que por ello pierda la Nación el control del recurso
energético.
Al final del día, es cuestión de recursos,
de dinero. Y alguien dijo nada es más barato que aquello que se puede arreglar
con dinero.
Lástima, Joaquín, que haya tantos que por
mezquindad, por desvaríos políticos, sigan gritando que o bien vendido o bien
podrido.
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