|
La
Guerra Fría fue aprovechada por Fidel Castro para construir un régimen
socialista en Cuba.
Cuba
se convirtió en una cabeza de playa del llamado socialismo real de la Unión
Soviética apenas a 100 kilómetros de territorio de Estados Unidos. Y Estados
Unidos buscó aislarlo, mientras Castro apoyaba y financiaba movimientos
revolucionarios con el respaldo de la Unión Soviética.
México
se mantuvo al margen de esos conflictos. A pesar de las presiones, no rompió
con Cuba.
Y
en más de una ocasión fue factor para que Cuba no fuera invadida.
Castro
ya no es lo que fue, pero los lazos históricos están ahí.
La
reconstrucción de la política latinoamericana pasa por el acercamiento con
Cuba, porque Cuba, aún con el comandante Castro enfermo, pesa en el continente,
más ahora que lo fortalecen los dineros del venezolano Hugo Chávez.
Por
eso el Presidente Calderón busca acercarse a Cuba.
Por
sus lazos históricos, México tiene que acompañar a Cuba en la eventual
transición por la enfermedad o eventual fallecimiento del comandante Castro.
Acercarse
a Cuba y al resto de Latinoamérica es una tarea delicada, muy delicada.
Esa
es la tarea de la canciller Patricia Espinosa, la sorpresa más agradable del
gabinete. Discreta, diplomática profesional, la canciller es una presencia
refrescante, después de los alocados protagonismos de sus antecesores.
Algunos
dicen que es invisible. Quizá porque entiende que la política exterior sólo
puede reconstruirse con trabajo diplomático serio, disciplinado.
Los
intereses de México no se defienden con desfiguros protagónicos.
Y
en la cancillería eso es lo que importa: los intereses de México.
|