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El
nombre de don Antonio Ortiz Mena, fallecido ayer, para muchos es sólo una
referencia histórica, igual que el desarrollo estabilizador es sólo una etapa
de la vida nacional, una etapa que poco les dice a los mexicanos del siglo 21.
No
debería ser así, Joaquín, porque el término desarrollo estabilizador describe
algo más que una época, muestra como una generación de mexicanos, desde 1945
hasta 1970, fue capaz de transformar a la nación, con una dinámica de
crecimiento económico y social sin precedente, una dinámica que no hemos podido
repetir. Aquella generación
creó la seguridad social, consolidó la educación pública, creó los libros de
texto, los desayunos escolares y las campañas masivas de salud. Nacionalizó la
electricidad y los ferrocarriles y creó infraestructura. Sólo algunos de sus
logros.
Pero
sobre todo, Joaquín, hizo de México un país de oportunidades, oportunidades de
empleo, oportunidades educativas, oportunidades de ascenso en la escala
económica y social, la mejor solución para la gradual resolución de la pobreza.
Eran
otros tiempos, me dirán muchos. Ahora son otras las circunstancias. Tienen
razón.
Pero
si la generación del desarrollo estabilizador pudo poner en prácticas políticas
de Estado que funcionaron por más de una generación, ¿por qué los mexicanos del
siglo 21 no encontramos las fórmulas para hacer otra vez de México un país de
oportunidades‘
¿Porqué
no coincidimos en políticas de Estado que hagan de la sociedad una donde haya
expectativas viables y realistas de ascenso en la escala económica y social?
Quizá
porque es más fácil perder el tiempo en discusiones y debates sin fin.
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