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Por
ahí se dejó escuchar esta semana la idea de que el gobierno del Presidente
Felipe Calderón aproveche la reunión con el Presidente Bush para iniciar una
nueva discusión sobre el TLC, en cristiano lo que sugieren es que de alguna
manera se haga una renegociación.
Es muy atractivo hablar de renegociar el
Tratado de Libre Comercio con Estados, con la ingenua idea de que podremos
sacarle nuevas ventajas.
En sus memorias, el ex presidente Carlos
Salinas de Gortari narra una charla con el presidente George Bush padre, previa
a las negociaciones del TLC.
El ex presidente Salinas propuso a su colega
norteamericano que se incluyera en el TLC un capítulo que incluyera el libre
flujo de personas, o sea de alguna manera resolver el problema de la migración
de mexicanos a Estados Unidos.
No pasaría en el Congreso, dijo Bush padre.
En cambio propuso que México abriera el sector energético, que Pemex admitiera
inversiones de capital extranjero.
Salinas, entonces, comprendió que siendo
imposible abrir Pemex, sería imposible que el Congreso de Estados Unidos
admitiera el libre flujo de mexicanos a través de la frontera.
Y se archivaron los dos temas. Se concentró
la negociación en otros, más sustanciales.
Así, el actual TLC incluye lo que se pudo
negociar de acuerdo a dos realidades tan distintas.
México ha mantenido cerrados varios sectores,
igual que lo hicieron los norteamericanos, como las de México y Estados Unidos.
Renegociar el TLC ahora significaría estar
dispuestos a abrir algunos de esos sectores. Es un riesgo, porque podría salir
más caro el caldo que las albóndigas.
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