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Hace
algunos años, un mexicano quiso exportar flores a Europa. Había que enviarlas
por avión. Y el avión tenía que hacer escala en Houston y los embarques llegaban
a Europa con retraso y las flores marchitas..
Fue a Houston y descubrió que los embarques
los retrasaba el servicio de aduanas norteamericano con cualquier pretexto.
Igual que en el tercer mundo, alguien le
sugirió hablar con el líder de los transportistas norteamericanos, con el líder
de los teamsters. Este líder le pidió un porcentaje del valor de sus embarques
para que se movieran con rapidez y no se marchitaran las flores.
El mexicano hizo cuentas y vio que si pagaba
el negocio sería incosteable.
Tuvo que buscar otra ruta aérea.
Afortunadamente la encontró.
La historia vale, Joaquín, porque esos
transportistas norteamericanos son los mismos que se oponen ahora a que los
camioneros mexicanos viajen por territorio de Estados Unidos.
La
organización de los teamsters la fundó
Jimmy Hoffa, el mismo que desapareció en una mafiosa lucha por el
liderazgo del sindicato.
Ahora
encabeza a los teamsters el hijo de Jimmy Hoffa.
La historia sobre el aeropuerto de Houston
muestra que no han cambiado.
Capaz que Estados Unidos no cumple con el
programa piloto que aquí anunciaron ayer.
Porque aunque los teamsters sean un sindicato
gangsteril, representan muchos votos, muchísimos para las elección presidencial
norteamericano.
Y como dijo un viejo juez de la Suprema Corte
de Estados Unidos: cuando de llegar a la Casa Blanca se trata, nadie tiene
escrúpulos al escoger a sus aliados.
Y los teamsters pueden ser buenos aliados.
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