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A
pesar de los sombríos pronósticos de tantos, el priísmo ha conseguido elegir en
paz a Beatriz Paredes Rangel como su dirigente nacional, para una etapa que es
crucial, determinante para el futuro del PRI.
El
reto para la nueva dirigencia es formidable. La señora Paredes, como se dijo en
este tu espacio, Joaquín, tiene que ser humilde y aceptar que ya no podrá
imponer decisiones.
Hay
en el PRI varios poderes fácticos -los gobernadores, los senadores, los
diputados y los sectores-, cada uno con su propio interés, su propia agenda.
Ha
empezado a reunirse con esos poderes fácticos del PRI, porque sabe bien que ya
pasó el tiempo para imponer candidatos y decisiones, que ya no se puede
negociar con el Ejecutivo a espaldas de los legisladores o los gobernadores.
En
el gobierno del Presidente Calderón están contentos, porque dicen que será más
fácil negociar con Beatriz Paredes.
Es posible, porque los priístas no pueden
votar contra todo lo que proponga el Ejecutivo. El país no soportaría otro
sexenio de parálisis.
El
PRI tendrá que negociar con el gobierno, pero, insisto, la señora Paredes tiene
que ser humilde.
No
confundir la presidencia nacional del CEN con un mandato para negociar por su
cuenta.
Antes
de negociar con Los Pinos tiene que consensuar con los poderes fácticos del PRI
qué negociar, qué aceptar, qué rechazar y qué exigir a cambio.
A
menos que quiera sembrar la semilla de la discordia y con ella iniciar la
desaparición de su partido.
Beatriz
Paredes debe aceptar que ya nada es como antes.
Como
en la vieja canción: lo que un día fue, no será...
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