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El
nombramiento de Arturo Sarukhán como embajador extraordinario y
plenipotenciario ante el gobierno de Washington ya fue aprobado por el Senado.
Falta ahora que le reciban sus credenciales en la Casa Blanca.
Sarukhán ha dicho que procurará cabildear en
Washington una reforma migratoria.
Uno entiende que no podía responder otra cosa
a las preguntas de los reporteros, pero Sarukhán es realista y sabe que hay
otros asuntos más urgentes en la relación de México con Estados Unidos.
La reforma migratoria en Washington está
atrapada en los intereses partidistas de la contienda por la presidencia
norteamericana, contienda que ya está en marcha.
Porque
allá, Joaquín, la campaña por la presidencia de Estados Unidos ya empezó,
aunque las elecciones se celebren hasta noviembre de 2008.
Ya se registraron ante la Comisión Federal
Electoral de Estados Unidos casi nueve aspirantes a las candidaturas presidenciales
del partido demócrata y del partido republicano.
Se
tiene que registrar, Joaquín, porque sólo así pueden recabar fondos para las
elecciones primarias. Las elecciones primarias son las que tiene que ganar un
candidato que llegar a la convención de su partido con el apoyo de la mayoría
de los delegados.
En ese contexto tan politizado y tan
partidista, Joaquín, sabe Sarukhán que la reforma migratoria es un tema que
algunos aspirantes buscarán eludir, no se comprometerán, a menos que en el Congreso
haya alguna iniciativa que no sea excesivamente polémica.
Porque en esta etapa de la carrera por la Casa Blanca nadie quiere
quedarse atrapado en una polémica encarnizada, porque eso le puede significar
una derrota.
Así que más vale que Sarukhán se prevenga para
no cometer otra vez el pecado de la enchilada completa.
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