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Hace
un año ocurrió en la mina Pasta de Conchos, en Coahuila, un accidente que costó
la vida de 65 mineros.
Hoy
se efectuó una ceremonia para recordar aquel accidente.
Y,
como ha ocurrido durante los pasados doce meses, hay declaraciones, opiniones,
declaraciones, pero sobre todo, Joaquín, hay mucha política.
Y hasta proposiciones indecorosas como la
que dice el gobernador de Coahuila Humberto Moreira le hizo el ex presidente
Fox.
Y acusaciones por igual contra Grupo Minero México y contra las autoridades
del trabajo.
Y, en
medio el conflicto sindical que provocó que los dirigentes no acudieran a la
ceremonia de hoy, para eludir las acusaciones de complicidad en el accidente.
Y, por
supuesto, Joaquín, están los acalorados discursos de los partidos, los puntos
de acuerdo de legisladores y las flamígeras amenazas de castigar a los
culpables.
Falta
el informe oficial de la Secretaría del Trabajo, cuyo titular Javier Lozano
Alarcón recibió instrucciones de ir a fondo en la investigación, con el viejo
lema de caigare quien caigare.
Esperemos que el informe no divague, que no
se convierta en un banco de niebla que impida saber lo que realmente ocurrió
hace un año.
Sin embargo, todo indica que el accidente en
Pasta de Conchos seguirá como un tema más para ser aprovechado por muchos
políticos y hasta por algunos empresarios.
Porque
pienso, Joaquín, que la verdad sobre la tragedia quedó y quedará sepultada bajo
los escombros de la mina Pasta de Conchos.
Y,
como a los cadáveres de los mineros, ya nadie podrá desenterrarla.
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