|
El
próximo domingo elige el PRI al sucesor del presidente nacional del comité
ejecutivo Nacional Mariano Palacios Alcocer.
Escogerán
entre Beatriz Paredes y Enrique Jackson.
Es
cierto, Joaquín, el proceso le interesa sobre todo al PRI.
Pero
nos interesa a todos, porque si se desmorona dejaría un enorme vacío en el
panorama político nacional.
En
la República tiene todavía muchas posiciones políticas, más que cualquier otro
partido.
Tal
representación, Joaquín, si desaparece, insisto, dejaría un vacío, un vacío que
alteraría radicalmente el escenario para la próxima elección presidencial.
De
cómo salga de la elección del domingo depende su futuro.
Pienso
que quien quiera que gane el próximo domingo, sea Beatriz Paredes o Enrique
Jackson, tiene que acercarse a la presidencia nacional con mucha humildad.
El
capital político del PRI está en sus gobernadores, en sus diputados y en sus
senadores. Y están los sectores, disminuidos, pero existen.
Entonces
veo el rol del próximo dirigente priísta como una de conciliador, de
reconciliador, casi como de árbitro.
Tendrá
que ser un dirigente nacional de gran paciencia, inteligente, lúcido para no
ofuscarse por sus ambiciones personales.
Porque
la ambición de ser candidato presidencial desvela a algunos de los aspirantes,
aunque juren que no es así. En el fondo de sus cabecitas locas ése es el sueño.
Pero
quien quiera tener éxito como dirigente nacional del PRI y asegurar la
supervivencia del partido, tendrá que enterrar sus sueños de grandeza, ser
humilde, Joaquín.
Muy
humilde, sabedor de que todos recuerdan los juegos históricos que han visto,
pero nadie se acuerda del árbitro.
|