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Desde hace tiempo, Joaquín, aquellos
funcionarios públicos que se han identificado como católicos o simplemente
creyentes en alguna religión han sido el blanco de una campaña de satanización.
La campaña de satanización se hace con el
pretexto de que somos un país laico.
Lo somos, porque hay libertad para creer en
cualquier religión. Y para no creer en ninguna.
Está de moda satanizar a funcionarios o
políticos porque son católicos. Se reduce el laicismo liberal a instrumento de
intolerancia.
Y la esencia del laicismo liberal, Joaquín,
es precisamente la tolerancia, la tolerancia a cualquier forma de pensamiento.
A
ningún político o funcionario se le debe satanizar por su pensamiento
religioso, o por ser ateo.
Es
peligroso clasificar a funcionarios o políticos por sus creencias. No hay
católicos políticos. Hay políticos que son católicos, como los hay que son
ateos.
John
F. Kennedy satanizado por su religión, habló de ello hace 47 años.
“… No
hablo por la Iglesia en asuntos públicos, decía Kennedy, ni la Iglesia habla
por mí en asuntos públicos”.
“… Cuando tenga que decidir sobre asuntos
públicos lo haré de acuerdo a mi conciencia y pensando en los intereses de la
Nación, sin admitir presiones de ningún interés, religioso o no”.
“… Y si hubiera conflicto entre las
responsabilidades de mi puesto público y mi conciencia. Y tuviera que ir contra
mi conciencia, entonces renunciaré a mi puesto, como creo que debe hacerlo todo
servidor público responsable”.
Así
deben actuar todos los políticos, los católicos y los que no lo son.
Nos iría mejor.
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