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Dentro de cuatro semanas estará en México
el Presidente de Estados Unidos George Bush, como parte de una gira por cinco
países de Latinoamérica.
Y, como suele hacerlo la Casa Blanca, ha
empezado una campaña de ablandamiento.
El zar de la seguridad de Estados Unidos,
Michael Chertoff, declaró a la zona fronteriza como región violenta y sin ley.
Lenguaje que no se empleaba desde la Revolución.
Vieja práctica de la Casa Blanca de
ablandar a los Jefes de Estado con quienes se entrevistarán.
Dicen que Bush viene a tratar asuntos de
narcotráfico, migración y comercio. En ese orden, aunque a nosotros nos
gustaría hablar de comercio primero, por aquello de la apertura agrícola.
Hay un hecho que no se puede ignorar. El
Presidente Bush que vendrá dentro de cuatro semanas es un mandatario
debilitado. Débil en las encuestas, le quedan dos años en la Casa Blanca y está
confrontado con el Congreso, Congreso que controla la oposición. Y tendrá poca
influencia en la elección de 2008.
Pero
la visita es la oportunidad de intentar algo que haga menos ríspida la relación
con Estados Unidos.
Recordarle que somos vecinos y socios
comerciales, que nuestros indocumentados son necesarios, aunque allá no lo
quieran aceptar. Que la agresiva política de la patrulla fronteriza ha
significado que en la línea divisoria hayan muerto 10 veces más mexicanos que
los alemanes que murieron por el muro de Berlín.
En Los Pinos se podría parafrasear al
editorial del Diario de Juárez:
Y decirle al Presidente Bush solo
cuatro palabras:
No somos el enemigo
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