|
Ya está de nuevo el tema a discusión: qué vamos a hacer con Pemex.
Se ha reconocido que la situación financiera de Pemex y el régimen
fiscal opresivo a que está sometido le impide disponer de dinero para
inversiones necesarias.
El debate ha empezado y se multiplican
las propuestas, hay para todos los gustos.
Desde la apuesta ingenua a que con algunos
ajustes a la operación de Pemex se resuelven todos los problemas, hasta los que
de plano quieren ver a las grandes trasnacionales petroleras metidas en
Petróleos Mexicanos.
Hay otras, como la del senador priísta Francisco Labastida que proponen
una serie de modificaciones legales, no constitucionales, para permitirle a
Pemex alianzas estratégicas, vender acciones sin voto en la Bolsa Mexicana de
Valores, y modificar el régimen fiscal.
Pemex no puede estar sujeto a las reglas presupuestales. Estas reglas,
Joaquín, no permiten demasiadas inversiones, porque se alteran las metas
económicas, la estabilidad económica del presupuesto.
La conclusión de la mayoría es que Pemex debe funcionar como empresa.
Suena bien, Joaquín, suena bien.
Pero tienen que elaborarse reglas estrictas para Pemex como empresa,
porque no puede funcionar como cualquier empresa.
Y cito sólo un obstáculo para que funcione como cualquier empresa. Todas
las empresas de la República, por ley, tienen que hacer entre sus trabajadores
una repartición de las utilidades que obtienen cada año.
Si Pemex funciona como cualquier
empresa, tendría que repartir sus utilidades entre sus trabajadores.
¿Alguien se ha puesto a pensar cómo se repartirían las utilidades de
Pemex?
|