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Hace muchos años, un Presidente de la
República calificó a su Secretario de Educación Pública como el flechador del
cielo.
Y comentaba de aquel guerrero que
pretendía alcanzar al cielo con sus flechas, nunca lo consiguió, pero consiguió
ser el mejor arquero de todos.
Pienso que eso va a pasar con lo que
llaman la reforma hacendaria o la reforma fiscal.
El concepto de reforma fiscal o
hacendaria no tiene otro propósito, Joaquín, que proporcionarle más dinero al
gobierno de la República, dinero que se afirma podría invertirse en la solución
de tantos problemas como afectan a la Nación.
Durante el pasado diciembre, los
coordinadores de las bancadas de los tres principales partidos en el Congreso
nos aseguraron que estaban de acuerdo con iniciar pláticas entre ellos para
llevar a cabo la reforma fiscal.
Y muchos les creyeron; pero olvidaron que
desde hace ya más de 10 años que forcejean los partidos políticos y el gobierno
federal para conseguir dicha reforma.
Y en 10 años no ha pasado nada.
Y no ha pasado nada, Joaquín, porque
hacer una reforma fiscal implica cobrar más impuestos a la sociedad, conseguir
que los que no pagan paguen. Pero, sobre todo, habría que eliminar muchas de
las lagunas que tiene actualmente el marco fiscal.
Es entonces cuando todo se atora.
Porque nadie quiere pagar un centavo
más, mejor que lo paguen otros.
Entonces no nos ilusionemos. Quizá el
Congreso apruebe alguna reforma fiscal.
Pero será una reforma fiscal muy
limitada.
Vamos, será una reforma fiscal mocha.
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