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El próximo jueves empieza el período
ordinario de sesiones del Congreso de la Unión.
Y es muy larga la lista de asuntos que tienen y deben atender los
diputados y senadores.
La lista tan larga como la lista de los problemas nacionales.
El Ejecutivo como el Legislativo debe resolver, por ejemplo, la falta de
recursos en el gobierno federal, falta de recursos que limita las posibilidades
de conseguir las metas del crecimiento, de empleo y de combate a la desigualdad
y la pobreza.
Deben decidir cómo enfrentar la apertura agrícola, porque a partir del
próximo enero, de acuerdo con el Tratado de Libre comercio con Estados Unidos
podrán entrar a México libremente todos los productos agrícolas
norteamericanos. Urge detener ya la rápida descapitalización del campo
mexicano, descapitalización financiera y humana.
Se tiene que atender también el problema de las pensiones. Una tema
delicado, porque hay que reducir la carga que las pensiones representan para
las finanzas del gobierno, sin cometer la brutal injusticia social que sería
reducir las pensiones y traducirlas en un inseguro sistema de ahorro.
Estos son apenas una parte de los problemas que necesitan la atención,
no sólo de la Presidencia de la República, sino también de los senadores y
diputados.
Pero los senadores y diputados prefieren entretenerse con el juguetito
de la reforma del Estado, de la reforma electoral, para que así cada partido
tenga su propia y mayor tajada del poder.
Porque a los partidos, a sus senadores y diputados los demás problemas
no les importan. Sólo les importa el poder.
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