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Hace
10 años se echaban las campanas a vuelo, se había conseguido la reforma
electoral que garantizaría elecciones limpias, transparentes.
Todos aplaudían porque las autoridades
electorales, el IFE y el Tribunal Federal Electoral tenían autonomía y estaban
fuera del control del gobierno.
Reglas nuevas y renovadas instituciones
electorales para las elecciones de diputados federales de 1997. Se renovó la
Cámara de Diputados y, por primera vez en el siglo 20, el PRI perdió la
mayoría, la Cámara la controló una coalición parlamentaria que formaron el PAN
y el PRD.
Nuevas reglas e instituciones electorales
que permitieron que por primera vez ganara la Presidencia un partido de
oposición.
Ahora, como resultado de una campaña de
sinrazón y mala fe, los derrotados en las elecciones presidenciales de 2006,
nos dicen que las instituciones electorales que hace siete años, hace cuatro,
eran una chulada, ahora son un asco.
Como los ciudadanos no quieren darle la
mayoría a nadie, todos los partidos quieren acabar con la autonomía del
Instituto Federal Electoral y así darle vuelta a la voluntad de los electores.
Como aquellos que elogian al Estado de
Derecho y cuestionan la honestidad judicial cuando no ganan un juicio.
La reforma de 1996 quiso colocar colocó al IFE
por encima de las rencillas malsanas de la política.
La reforma que ahora preparan los
partidos, con la complacencia del gobierno de Felipe Calderón, sujetará al IFE
a los caprichos, a la sinrazón y mala fe de los partidos políticos.
O sea, que vamos como los
cangrejos, caminando hacia atrás.
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