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Han
sido extraditados a Estados Unidos algunos de los más importantes capos del
narcotráfico.
Y se dice que habrá más extradiciones.
Algún colombiano nos dirá: esa película
ya la vimos nosotros.
En Colombia, después de iniciada la
extradición de capos a Estados Unidos se desató una ola de violencia,
secuestros y asesinatos.
Fue la reacción sangrienta de los
capos.
El gobierno del Presidente Calderón
enfrenta dos riesgos:
Uno, que tentados por las ofertas de
protección o condenas más leves, algunos de los capos empiecen a revelar sus
contactos en el gobierno mexicano. Y ya entrados en gastos, como la experiencia
nos ha enseñado, acusarán a quienes las autoridades de Estados Unidos quieran, aún a muchos inocentes.
El segundo riesgo, igualmente grave, es
que haya una reacción violenta de los capos.
Colombia resistió la ofensiva de sus
narcotraficantes, pero las secuelas aún angustian a los colombianos.
Y, al final del día, todo fue inútil,
pues todavía los narcotraficantes colombianos, asociados con los
narcotraficantes mexicanos, surten la sed de droga de Europa y Estados Unidos.
Ha sido una decisión corajuda del
Presidente Calderón, porque tiene que demostrar a propios y extraños que su
gobierno no se dejará amedrentar por el crimen organizado.
Ojala y no entremos a una etapa de
violencia sangrienta, como la que vivió Colombia.
Si de por sí 2007 será un año
difícil, sería peor si viviéramos una guerra violenta de los narcos contra el
Estado.
“Estamos preparados para cualquier
represalia”, dice el procurador Eduardo Medina Mora.
Ojala, Joaquín, ojala.
Dios lo oiga.
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