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En 1995, cuando el tejido social y
económico era sacudido por el vendaval de la peor crisis económica del siglo
20, el gobierno de la República tomó medidas muy duras, para impedir el
derretimiento financiero y económico del país.
Preocupados por la dureza del programa del
gobierno, acudió a Los Pinos una representación de la Conferencia Episcopal
Mexicana.
Ernesto Zedillo escuchó a los obispos.
Y después de explicarles las razones del
programa de choque puesto en marcha, les dijo: “… Entiendo su preocupación y
las razones de sus propuestas para suavizar el programa de choque, pero aquí en
la Presidencia no hay espacio para soñar, se tienen que enfrentar la realidad
en toda su crudeza”.
Hace doce años había quienes, asustados por
al realismo, pedían se nos mintiera,
aunque fuera un poco. Al final se apostó al optimismo mexicano, el mismo
optimismo reflejado en la más reciente encuesta de Consulta Mitofsky.
Por lo visto el Presidente Felipe Calderón
ha llegado a la misma conclusión que Zedillo, que los mexicanos no somos niños
a quienes tenga que ocultarse la verdad, sino adultos capaz de enfrentarla..
Por eso habló ayer de que 2007 será un año
difícil, pero se comprometió a trabajar para enfrentarlo con éxito.
Qué distinto del sexenio de Vicente Fox,
cuando la costumbre era inventar todos los días un país imaginario, se nos
ofrecían días de vino y rosas.
Como si la cruda no siguiera a los días de
vino y rosas.
Por eso la sorpresa de algunos cuando el
carruaje foxista, Joaquín, se convirtió en calabaza.
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