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Con toda intención he procurado mantenerme
alejado de la polémica por una tercera cadena de televisión, pero las
declaraciones del presidente y director general de General Electric, Joaquín,
hacen que rompa ese compromiso conmigo mismo.
Las
declaraciones del señor Jeff Immelt son la muestra más acabada de la famosa ley
del embudo.
Porque
lo que no dijo el presidente y director general de la General Electric,
Joaquín, es que le pide al gobierno de México lo que en Estados Unidos no están
dispuestos a concederle a México: la apertura del sector de radio y televisión
norteamericanas.
Le
piden al gobierno del Presidente Calderón lo que ellos, los norteamericanos no
están dispuestos a conceder.
La
radio y televisión de Estados Unidos, según las leyes de Estados Unidos, son
sólo para los norteamericanos. Ningún extranjero puede ser el dueño absoluto de
una radiodifusora o una estación de televisión en Estados Unidos, menos de una
cadena.
Somos
pacientes, dice General Electric al diario Reforma. Si no tenemos una
televisora en esta presidencia, esperaremos a la próxima, o a la próxima.
No
tienen prisa.
No
es paciencia, Joaquín, es una amenaza. Tarde o temprano venceremos su
resistencia, tendrán que abrirnos las puertas, aunque las nuestras permanezcan
cerradas.
¡Cuánta
arrogancia, Joaquín!
Lo
trágico, Joaquín, es que haya tantos mexicanos dispuestos a dejarse vencer,
tantos mexicanos que por mezquinas rencillas están dispuestos a abrirle una
puerta más a los capitalistas norteamericanos.
Lo
trágico es que la arrogancia norteamericana encuentre a tantos mexicanos
dispuestos a entregar lo que sea, a cambio de nada.
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