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El gobierno de Felipe Calderón tiene
apenas dos semanas en el poder. Y quisieran tener tiempo para adaptarse a las
nuevas responsabilidades. No lo tienen, Joaquín, no tienen ese tiempo.
No tiene tiempo el gobierno de Calderón,
pero tampoco lo tienen las fuerzas políticas representadas en el Congreso.
Una vez aprobado el presupuesto federal
para 2007, cuando empiece el año, el Congreso estará en receso, pero no se
interrumpen sus actividades en comisiones.
Los partidos representados en el Congreso
tienen la responsabilidad de ponerse de acuerdo con el gobierno de Felipe
Calderón sobre una agenda legislativa, ordenada a partir de prioridades.
Urge una agenda ordenada, para que pueda
haber negociaciones y eventuales acuerdos de los partidos con el gobierno de
Calderón.
Ojalá y entendiera la clase política que
la mayoría estamos cansados de discusiones inútiles, de tanta palabrería.
Ojalá y entendiera que deben negociar y que llegar a acuerdos sería lo responsable.
En el mundo hay un reacomodo de fuerzas
económicas y, mientras, nosotros, en lugar de adaptarnos a las nuevas
realidades, seguimos atrapados en las mismas discusiones ideológicas de hace 40
años.
Desde el gobierno, eso incluye al
Presidente de la República y al Congreso de la Unión, se debe conducir a la
Nación, se deben trazar los grandes objetivos nacionales que atiendan los
abrumadores problemas de los mexicanos.
Para eso es la política, Joaquín, para
resolver problemas. Y en ella no debiera haber lugar para los biliosos, los
frustrados, los rijosos y los rencorosos que a veces parecen dominar las
discusiones.
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