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Como no tenemos la facultad de adivinar el
futuro, no sabemos en qué condiciones se realizará la toma de protesta del
Presidente Electo Felipe Calderón.
No sabemos si será pacífica o será
turbulenta. Como sea, esta medianoche termina el mandato de Vicente Fox.
Un mandato durante el cual el Presidente
Fox, por egoísmo y vanidad, dilapidó
el inmenso capital político con que llegó a la Presidencia.
Inició su gestión en medio de una euforia
casi generalizada.
Y termina en medio de un conato de crisis
política, cuyas consecuencias no sabemos.
Una crisis creada por su activismo
político que, como tantas otras acciones de su gobierno, no tuvo la finalidad
de beneficiar al candidato presidencial de su partido. Su activismo político tuvo como único y
exclusivo fin beneficiar a su imagen personal.
La constante sexenal fue la preservación
de la imagen de Vicente Fox, por encima de cualquiera otro interés, inclusive
por encima del interés de su partido o del interés de la Nación.
La elección presidencial fue muy polémica,
pero Fox decidió no dejarle espacio al Presidente Electo para la
reconciliación.
Por el contrario, aumentó el encono al
presumir que él había ganado la elección del pasado 2 de julio. Y así siguió
con sus imprudentes confrontaciones.
Su personal hoguera de vanidad le impidió
comportarse siquiera con el mínimo de civilidad política, ni con el Presidente Electo,
a quien, como dicen en el norte, le deja la víbora chillando.
Hoy, para Vicente Fox, no es su último día
como Presidente, sino su último día de campaña.
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