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Ayer fue un martes negro para la política.
Y eso es muy lamentable, Joaquín, porque lo
único que puede diluir el rencor y la intransigencia que caracterizaron al
proceso electoral es el quehacer político: la negociación y el diálogo.
¿Qué quiero decir? Pues que la única manera
de que México salga ileso de esta encrucijada es a través de esas herramientas
de la política.
Y, al menos por ahora, parece que en la
Cámara de Diputados a ninguno de los legisladores le interesa ocuparse de
utilizar esas herramientas de la política.
Y al olvidarse de la política, ponen en
riesgo la toma de protesta, ponen en riesgo la estabilidad política. Y la ponen en riesgo tanto los del PAN como
los del PRD.
El control de la tribuna del Palacio
Legislativo de San Lázaro se ha convertido en un juego de vencidas.
El vergonzoso espectáculo de ayer y de hoy,
Joaquín, no es sino el resultado de un patético ejercicio de machismo inútil.
Pero también, Joaquín, es el resultado de un
clima de encono pacientemente cultivado por los grupos más intransigentes de la
República.
Alguien comentó esta mañana que por estar
representada en el Congreso toda la Nación, en la Cámara de Diputados está
presente y vivo un mosaico de lo que somos como sociedad.
Los que están ahí llegaron por el voto
nuestro. Son el resultado de la voluntad de todos nosotros.
La democracia ha formado ese mosaico.
Y esta mañana, nos hemos visto al espejo y
nos disgusta lo que vimos.
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