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Ya llegó el invierno, Joaquín.
Y, como cada año, en las zonas más frías
del país morirán muchas personas por el monóxido de carbono producido por los
calentadores de gas en lugares herméticamente cerrados.
Hace cuatro años surgió una iniciativa en
Chihuahua, pasó por el Congreso del Estado y todo este tiempo ha navegado por
laberinto de los tres niveles de gobierno.
La iniciativa exige crear una norma
oficial para que los calentadores de gas tengan sensores de monóxido de carbono
que alerten a las personas de la presencia de esa venenosa sustancia.
En la Secretaría de Energía está listo ya
el anteproyecto oficial. Es más, ya estaba listo para publicarlo en el Diario
Oficial de la Federación.
Pero la Comisión Federal de Mejora Regulatoria
dice que la Secretaría de Energía no tiene facultades para emitir esa norma.
Que lo haga la Secretaría de Economía,
dijeron, pero resulta que esa dependencia no tiene la gente capaz para elaborar
la norma, le explicaron a quienes promueven el proyecto.
Sospechan los chihuahuenses que promueven
el proyecto que alguien tiene interés en comercializar calentadores que no
tengan que incluir los sensores de monóxido de carbono.
No importa que las estadísticas muestren
que muchas de las muertes atribuidas atribuyen al frío son por la intoxicación
con monóxido de carbono.
Ya tenemos encima el frío invernal y no se
podrán evitar esas muertes, porque la batalla burocrática la van ganando hasta
ahora los intereses económicos.
Y, como siempre, los perdedores son los
ciudadanos, algunos de los cuales hasta perderán la vida.
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